Sentó
al niño en su regazo y lo acarició suavemente susurrándole al oído
palabras juguetonas y traviesas; el pequeño Vladimir sintió
bochorno. Quedó aliviado cuando su padre entró en el comedor
procedente de la terraza. Vladimir se dio cuenta de que el padre
estaba molesto con su cuñado cuando le reclamó con severidad que
saliera con los demás a la terraza. Al chico lo mandó a su
habitación.

El
tío Ruka era aristócrata y homosexual, un diplomático acomodado y
refinado al estilo de Charlus, uno de los protagonistas de En busca
del tiempo perdido de Marcel Proust. Se trataba de un hombre
esmeradamente elegante que en la solapa del abrigo gris perla llevaba
siempre un clavel violeta y al que le gustaba recitar en voz alta
poemas que él mismo había escrito en francés. Aquella misma noche
el tío se presentó en la habitación del pequeño Vladimir. Pidió
al muchacho que le enseñara su colección de mariposas y mientras la
contemplaban juntos, el tío le hacía cosquillas en la cara con su
bigote sedoso y prosiguió con sus caricias y un toqueteo cada vez
más atrevido. Esos encuentros eran agradables y desagradables,
tentadores y repugnantes a la vez. Duraron unos cuatro años.
Volvió
al tema de los abusos en ‘Pálido fuego’, una novela dedicada
claramente a las relaciones homosexuales
Desde
que se publicó Lolita, los lectores en el mundo entero se
preguntaron quién es la misteriosa niña, en quién o qué
experiencia se había basado Nabokov para concebir su personaje.
Mientras me documentaba para mi novela Un revólver para salir de
noche hallé las pruebas, en las que parece que nadie se había
percatado antes, acerca del hecho de que Nabokov en su novela
describió los abusos cuya víctima había sido él mismo de niño.
En el subcapítulo 3 del capítulo tercero de Habla, memoria, Nabokov
dice que “cuando yo tenía ocho o nueve años” su tío Ruka
“después de comer me sentaba en su regazo” y le susurraba
palabras extrañas, mientras que “yo estaba avergonzado por el
jugueteo de mi tío”; como hemos dicho, se le quitaba un peso de
encima cuando el padre de Nabokov llamaba al tío Ruka a que saliera
con los demás: “Basil, on vous attends”. Según Nabokov indica
indirectamente pero con suficiente claridad en sus memorias, esos
juegos abusivos duraron tres o cuatro años.
Cuando
Vladimir tenía 11 o 12 años, según confiesa, un día fue a buscar
a su tío a la estación de tren. El tío venía del extranjero para
pasar el verano en su finca de Vyra, que lindaba con la residencia de
veraneo de los padres de Nabokov. Al verle, Ruka le dijo al muchacho:
“¡Qué amarillo y feo te has puesto (vous êtes devenu jaune et
laid), pobrecito!”. El día de su 15 cumpleaños, el inmensamente
rico tío Ruka le anunció en francés que le había hecho su
heredero. Luego le despidió: “Y ahora puedes retirarte, l’audience
est finie. Je n’ai plus rien à vous dire”. Algo similar pasa en
Lolita: al final de la novela, tras una desesperada búsqueda, el
secuestrador Humbert Humbert encuentra a una Lolita crecida, de 17
años, casada y embarazada. Su seductor la encuentra pálida, pecosa
y demacrada y le regala una gran suma de dinero para su boda. Sin
embargo, Lolita no puede disfrutar de su repentina riqueza porque
muere al dar a luz, al igual que Nabokov no pudo gozar de su herencia
porque a sus 18 años la revolución rusa provocó la total
devaluación del rublo.
Tras
sumergirme en la obra nabokoviana, y no solo en sus memorias, vi
claro que de niño Vladimir sufrió atenciones abusivas de Vasili
Rukavíshnikov, o Ruka, el hermano de su madre, y que el factor que
determinó la creación de la novela Lolita fueron las
extralimitaciones que había sufrido. A Nabokov le obsesionaba la
idea del abuso de los niños. Sobre ello escribió primero El
hechicero, novela que más tarde calificó de “la primera
palpitación de Lolita”, pero no quedó del todo satisfecho con
ella. Después de Lolita volvió al tema de los excesos y abusos en
Pálido fuego, entonces hablando claramente de relaciones
homosexuales. En los tres casos, Nabokov expresó su contrariedad y
rechazo de los excesos cometidos contra los niños.
Le
obsesionaba la idea del abuso de los pequeños. Le gustaban las
mujeres, pero nunca las niñas
Es
posible que muy pocos, quizá apenas Véra, la esposa del escritor,
conocieran ese secreto de él. Véra sabía que a su marido le
gustaban tanto las mujeres como las mariposas. Pero, según afirmó
Katherine Reese Peebles, con la cual Nabokov mantuvo una relación
amorosa cuando era profesor en la Universidad de Cornell, en Estados
Unidos, “le gustaban las mujeres y las chicas, pero nunca las
niñas”. Además, Véra sabía que para el personaje de Lolita
Vladimir recurrió al rapto de la niña Sally Horner, un caso que a
finales de los cuarenta sacudía al país. Día tras día Nabokov
buscaba en los periódicos americanos nuevas revelaciones sobre las
terribles peripecias de Sally en manos de su secuestrador para
usarlas en su novela. Sobre el rapto de Sally Horner, la escritora
Sarah Weinman ha publicado recientemente su libro La auténtica
Lolita.
Las
atenciones abusivas del tío Ruka tuvieron como consecuencia también
que Nabokov mirara con escepticismo a los homosexuales. Se distanció
de su hermano Serguéi a causa de la homosexualidad de éste. Es algo
sorprendente porque Nabokov era un hombre muy abierto y en absoluto
moralista. Sin embargo, al enterarse de que Serguéi se había
portado como un héroe cambió de actitud. Durante la Segunda Guerra
Mundial, Serguéi nunca ocultó su desprecio por la Alemania de
Hitler y el régimen nazi al que criticaba abiertamente; alguien le
delató y Serguéi fue a parar a un campo de concentración nazi
donde murió. A posteriori Nabokov se avergonzó de su postura fría
hacia su hermano. Y entonces cambió de actitud hacia la
homosexualidad en general.
A
lo largo de décadas se han escuchado críticas a Lolita desde las
sensibilidades feministas. Muchas de ellas no parecen percibir todos
los matices de la novela. Como la gran obra de arte que es, Lolita
está escrita desde una libertad absoluta y busca reflejar la
complejidad de cualquier comportamiento humano. Nabokov nunca
pretendió escribir un panfleto, aunque dejó claro entre líneas
para quien sepa leer que rechazaba al indigno seductor de menores y
que Lolita fue una víctima. Del mismo modo que Nabokov fue una
víctima porque Lolita también es él.
Monika
Zgustova es escritora; su última novela es Un revólver para salir
de noche (Galaxia Gutenberg, 2019)
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