Mostrando entradas con la etiqueta escritores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de junio de 2022

INSTRUCCIONES PARA CREAR UNA SECTA

 «El famoso colectivo abecedario se comporta como una secta política, como un grupo ensimismado en una alucinación auto-designada»


Ha sucedido esta semana. Hoy, el día en el que escribo este artículo, 27 de junio, el Consejo de Ministras ha aprobado la ‘ley trans’. Anteayer Jedet, una actriz y cantante transexual, ídolo de masas entre la juventud juvenil, con cientos de miles de seguidores en Instagram, criticaba en un programa de televisión a Irene Montero. Estaba previsto que el viernes 1 de julio Jedet estuviera en Granada para dar el pregón. Pero a partir de las manifestaciones de Jedet, el Ayuntamiento de Granada comienza a eliminar toda publicidad en redes. Poco después Jedet anuncia que no dará el pregón de Granada.
En fin, esto me lleva a reflexionar no sobre la infame ‘ley trans’, sobre la que ya he escrito un artículo, sino sobre la colectivización de los sentimientos y la conversión de un partido político en una secta. 

Sectarismo político para ‘dummies’

Imaginen que ustedes son los líderes de un partido de izquierdas, unos niñates formados en la facultad de políticas, que apenas se han relacionado con casi nadie fuera de su burbuja autocomplaciente y que han prometido que en cuanto llegue al poder van a acabar con la casta, a traer la justicia social al pueblo y a ayudar a los más desfavorecidos. 
Ahora le hablo a usted, lector. Imagine usted que llega al poder y resulta que no tiene usted la más mínima experiencia en gestión, ni tampoco mucha idea de economía, que además se empieza a descubrir que la casta era usted, y que ni usted ni nadie en su corte de admiradores proviene de clase obrera ni de nada remotamente parecido  y que solo han visto obreros dibujados en las portadas de sus manuales de sociología del trabajo y sus ediciones argentinas de El Capital.
No se asuste. 
Puede usted salvar los muebles, el carguito, la paguita y la poltrona. 
Tan simple como poner en práctica las enseñanzas de la psicología social.
Repasemos algunos de los experimentos más importantes que aparecían en su manual de psicología social en la carrera de políticas.

El experimento de la cueva de los ladrones 

(De Muzafer Sherif y Carolyn Sherif, año 1954) 
Objetivo: Detectar cómo se crean los prejuicios y cargas ideológicas. Muy útil para usted pues le enseña a crear artificialmente una situación «ellos contra nosotros».
Método: Se seleccionó a dos grupos de niños (24 niños en total, 12 niños por grupo) de entre 10 y 11 años de edad sin antecedentes de conflictividad, provenientes de familias estables y con una infancia sin traumas. Ninguno de los integrantes de ambos grupos se conocía entre sí, ni siquiera se habían cruzado nunca. Se llevó a los niños a un campamento en el Parque Natural de la Cueva de los Ladrones. Los tutores dividieron de manera totalmente aleatoria a los niños en dos grupos, denominados Grupo A y Grupo B.
En la primera fase del experimento, se alentó el sentimiento de pertenencia al grupo o sentimiento identitario mediante actividades conjuntas que afianzaran las relaciones interpersonales: la natación, el senderismo o la búsqueda de madera para las fogatas).  Los grupos eligieron nombres (las águilas y las serpientes de cascabel), y cada grupo desarrolló sus propias normas y jerarquías grupales. Cada grupo eligió un color de pañuelo y una bandera. Los grupos iban uniformados. Los investigadores informaron a cada grupo de que en el campamento había otro grupo, y les alertaron sobre ellos: eran desorganizados, eran vagos, eran sucios.
En la segunda etapa del experimento los profesores introducían elementos o situaciones de fricción entre los dos grupos participantes: un torneo competitivo entre los grupos, consistente en juegos como béisbol y tira y afloja, en el que los ganadores recibirían premios y un trofeo. La hostilidad entre los grupos se incrementó de tal manera que hubo que frenar el experimento porque los grupos se atacaron entre sí.
Conclusiones:  Los profesores quedaron abrumados ante la facilidad con la que los grupos llegaron a crear un sentimiento de odio hacia el otro grupo, y la rapidez con la que se llegó al enfrentamiento físico. ¿Y cómo se había conseguido esto? Un nombre diferente, una bandera y un uniforme para cada grupo. Actividades comunes para inculcar el sentimiento de pertenencia. Hábleles mal del grupo contrario. Póngales a competir por un premio y.… ¡voila!: la bronca está asegurada. 

El experimento de Milgram 

(Stanley Milgram  1961)
Objetivo: Medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad, incluso cuando estas órdenes pudieran o suponer un conflicto con su sistema de valores y su conciencia.
Método: Milgram reclutó a un total de 40 sujetos a través anuncio en el periódico en el cual se les invitaba a formar parte de un experimento sobre «memoria y aprendizaje» Se les aseguró a los participantes que se les pagaría una suma de dinero asegurándole que conservaran el pago «independientemente de lo que pasará después de su llegada». Se les hizo saber que para el experimento hacían falta tres personas: el investigador, el maestro y el alumno. A los voluntarios siempre se les asignaba mediante un falso sorteo el papel de maestro. Tanto maestro como alumno actuaban en habitaciones diferentes pero conjuntas.
Al alumno se le ataba a una silla y se le colocaban electrodos. Al maestro se le colocaba frente a un generador de descarga eléctrica con treinta interruptores que regulaban la intensidad de la descarga. Había unas etiquetas que indicaban la intensidad de la descarga (moderado, fuerte, peligro, descarga grave y peligro de muerte). Al sujeto reclutado o maestro se le pedía que enseñara pares de palabras al aprendiz. Se le decía que el alumno debía ser castigado si se equivocaba aplicándole una descarga eléctrica, que sería 15 voltios más potente tras cada error. Cuando el alumno recibía la descarga, gritaba lastimosamente, gritos que se incrementaban y se hacían más quejumbrosos si la descarga aumentaba. Si el maestro se negaba a aplicar la descarga el investigador le respondía: «el experimento necesita que usted siga», «es absolutamente esencial que continúe», «usted no tiene otra opción, debe continuar». Y en caso de que el sujeto preguntara quién era responsable si algo le pasaba al alumno, el experimentador se limitaba a contestar que él – el investigador- era el responsable.
Los cuarenta sujetos obedecieron hasta los 300 voltios mientras que 25 de los 40 sujetos siguieron aplicando descargas hasta el nivel máximo de 450 voltios. Esto revela que el 65% de los sujetos llegó hasta el final, inclusive cuando en algunas grabaciones el sujeto se quejaba de tener problemas cardíacos. Es decir, si las descargas hubieran sido reales, el 65% de los sujetos hubieran matado a otra persona, solo porque obedecían a una autoridad. En realidad, las descargas eran falsas, y los alaridos eran grabaciones.  El «aprendiz» era un cómplice del investigador. 
Ninguno de los participantes que se negaron a administrar las descargas eléctricas finales solicitaron que acabara el experimento ni acudieron al otro cuarto a revisar el estado de salud del estudiante. Nadie, nadie ayudó a la victima.
Conclusiones: 
A) Cuando el sujeto obedece los dictados de la autoridad, su conciencia deja de trabajar y se desencadena una abdicación de la responsabilidad.
B) Los sujetos son más obedientes cuanto menos conocen a la víctima.
C) El concepto de obediencia debida. El 65% de nosotros obedecemos ciegamente a lo que entendemos por autoridad, y no cuestionamos las decisiones que vienen de arriba.

El experimento de la cárcel de Stanford

(Philip Zimbardo, 1971) 
Objetivo: Similar al de Milgram. Averiguar hasta qué punto una persona normal y corriente puede cambiar su comportamiento en una situación extrema.
Método: Mediante un anuncio en un periódico local solicitaba voluntarios para un estudio sobre los efectos psicológicos de la vida en prisión. Se reclutan a 24 hombres todo ellos estudiantes universitarios. Muy importante es resaltar que se seleccionó a individuos que respondieron en un cuestionario «sí» a la pregunta «¿se siente usted pacifista?». Se lanzó una moneda al aire para dividir al grupo entre carceleros y reclusos. Nada más llegar a la cárcel, se desnudó a los presos, se les vistió con un uniforme, y se le puso una correa al tobillo, como la antigua bola de los presidiarios.
A la mañana del segundo día se produjo una rebelión entre los reclusos, que hicieron barricadas en las celdas colocando las camas contra la puerta. Los reclusos se despojaron de los gorros y el uniforme, pero no pudieron quitarse la bola. 
Los carceleros usaron todo tipo de estrategias para hacerse con el control de la situación: rociaron a los prisioneros con un extintor, castigaron a los cabecillas de la rebelión desnudándolos y quitándoles la comida, se comportaron como auténticos sádicos. Al quinto día hubo que cancelar el experimento porque se temía por la vida de alguno de los presos. Zimbardo reconoció que algunos guardias trataron de cambiar el sistema. Posteriormente, él investigó el tema de los «héroes», aquellos que no sucumben al sistema
Conclusiones: El poder corrompe. Aunque no a todos.  Y las personalidades individuales se diluyen cuando se crea una situación «nosotros contra ellos. Algo que ya sabíamos.
 

Experimentos del Paradigma de grupo   

Tajfel, Billig, Bundy y Flament, (1971) 
A 48 jóvenes se les pide que elijan entre dos cuadros cuál es su favorito. Los psicólogos los reparten en dos grupos y le dicen a cada uno que están en el grupo que coincide con su preferencia estética. Esto es completamente falso, se les ha mezclado de forma aleatoria. En otros experimentos se hace de forma similar. Los sujetos se dividían de manera arbitraria en dos grupos en base a criterios irrelevantes y sin que los miembros de los grupos se conocieran entre sí. Por ejemplo, se les divide según les guste el azul o el verde.
Conclusiones. En los experimentos se observó que el simple hecho de ser parte de un grupo, aunque el grupo se hubiera formado de forma aleatoria y arbitraria, resultó ser suficiente para que los sujetos dieran recompensas a los de su propio grupo y en perjuicio de los miembros del otro grupo. Si alguien se identifica con un grupo, apoyará a su grupo, y nunca al que siente como contrario. Creará un prejuicio respecto a cualquier persona que le presenten como «ellos»
Este refuerzo del prejuicio se relaciona con la autoestima: si tienes en gran estima a tu grupo, de alguna manera estás incrementando tu propia autoestima. Por eso, a mayor prejuicio, mayor incremento de la autoestima en personas que no la tienen. 
Y ¿de dónde vienen estos comportamientos?
¿De dónde viene nuestra tendencia a favorecer al grupo, a odiar al grupo contrario, a abusar del poder y a obedecer ciegamente a la autoridad? 
Está inscrito en nuestros genes
Los humanos descendemos de los simios. En cierto modo, todos somos simios un poquito evolucionados. Y los primates funcionan en grupos. En esos grupos siempre hay un líder al que se le debe obediencia. Esto es una estrategia de supervivencia porque si se acerca un león o un cazador hay más posibilidades de que el grupo sobreviva si no se dispersa; por lo tanto, hay que seguir siempre a un líder. La supervivencia depende también de la pertenencia al grupo: un primate no sobrevive solo. Y de la defensa de un territorio frente a cualquier grupo rival de primates que intente ocuparlo.
Por eso los primates se enfrentan en peleas entre grupos reales que ponen en riesgo su integridad y hasta su propia vida. Todo indica que el carácter cooperativo que muestran los primates de una comunidad cuando es imprescindible defender su territorio de invasores o agresores es el germen de nuestra tendencia innata (repito: innata) a reaccionar defendiendo al grupo que entendemos como nuestro frente al grupo que entendemos como ajeno, y el de nuestra tendencia también innata (repito: innata) a obedecer a quien entendemos como autoridad o a abusar de la autoridad si nos la conceden de forma arbitraria.

Instrucciones para crear una secta 

Recordemos que es usted un líder que se ve incapaz de cumplir las promesas que hizo a su electorado, pero que no quiere perder ni su sueldo ni su poltrona ni su posición de poder. Pongamos pues en práctica las enseñanzas de los psicólogos sociales: Colectivice, interseccionalice, amplíe el sujeto de la causa y exija obediencia debida.
1. Colectivice
En primer lugar, busque una causa para intentar un «nosotros contra ellos». Busque una causa en la que más o menos todo el mundo esté de acuerdo. 
Este… a ver, por ejemplo… ¿Los derechos de los homosexuales y las lesbianas? Sí, ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex)  nos avisa de que España es uno de los países más gay friendly del mundo y en los que los ciudadanos respetan más a las personas con orientaciones sexuales diversas. Fantástico, me viene bien, la causa está de moda y ya sería difícil encontrar a alguien que se oponga, cuando hasta Rocío Monasterio se hace vídeos paseando por Chueca de charleta con un chico gay muy mono.  
Recuerde que se llaman a sí mismos «colectivo» porque colectivizan los sentimientos. Insista en que se mencione la palabra «colectivo» en cualquier discurso.
2. Interseccionalice
Pero los homosexuales y lesbianas apenas representan al 10% de la población, así que necesita usted ampliar el sujeto de la causa.
Sáquese entonces de la chistera la palabra interseccionalidad. «La interseccionalidad es un enfoque que subraya que el sexo, el género, la etnia, la clase o la orientación sexual, como otras categorías, están interrelacionadas», o eso le dice la Wikipedia. ​ Ya tiene usted la oportunidad de juntar en un mismo saco a todas las causas de los oprimidos. Perdón, oprimides.
Así que para usted el feminismo y la causa gay están íntimamente relacionados. No vale que las feministas de toda la vida le adviertan de que las luchas de los derechos homosexuales y las de los derechos de las mujeres, por bien que puedan coincidir en algunos puntos, son diferentes. Usted lo mezcla todo: antirracismo, feminismo, derechos de los homosexuales y lesbianas, veganismo y especismo.
3. Amplíe usted aún más el sujeto de la causa
Pero es que eso de los derechos de los homosexuales y lesbianas también se le queda corto, así que ….  Ya no será el «orgullo gay» sino el orgullo LGTBIQ+.
Pero, ¿qué coño significa LGTBIQ+? 
Seguro que usted sabe lo que significan las siglas LGBTIQ+. Lesbianas gays bisexuales transexuales Pero… ¿El resto?
¿La I?  La I se refiere a la intersexualidad, una condición genética que solo padecen el 0,0018% de las personas en el mundo, (vamos, nadie que usted conozca, en realidad) pero usted va a intentar ampliar esa historia y meter a más gente. Usted va a decir que hay más intersexuales que pelirrojos. Dato falso, por cierto. Pero ya dijo un propagandista muy famoso de cuyo nombre no queremos acordarnos que cualquier mentira repetida acaba por convertirse en verdad. Usted va a meter en el saco de la heterosexualidad a condiciones como la microsomía, por ejemplo, que nada tienen que ver con la intersexualidad. Total, las personas a las que se dirige usted prácticamente no leen, poco menos van a estar versados en genética. 
¿La Q? La q significa queer. Veamos que nos dicen dos sociólogos mexicanos , Carlos Fonseca Hernández y  María Luisa Quintero Soto : «La Teoría Queer es la elaboración teórica de la disidencia sexual y la de-construcción de las identidades estigmatizadas, que a través de la resignificación del insulto consigue reafirmar que la opción sexual distinta es un derecho humano. Las sexualidades periféricas son todas aquellas que se alejan del círculo imaginario de la sexualidad «normal» y que ejercen su derecho a proclamar su existencia». 
Es decir, que ser queer es ser disidente sexual. Este término es tan amplio como para que uno piense que Fernando Sánchez Dragó o Antonio Escohotado podrían ser queers. Y sí, podrían serlo perfectamente porque su sexualidad ha transcurrido siempre en los márgenes de lo que se considera la sexualidad normativamente aceptable. Sánchez Dragó nos cuenta historias de tríos con menores y poliamor. De Escohotado hay tantas historias que no me cabrían en un artículo y la gente ya se queja de que mis artículos son largos así que confíen en mi palabra: Sí, Escohotado era queer.
¿El signo +?  Se refiere a asexuales y pansexuales. Asexual todo el mundo entiende lo que es. Pansexualidad es » la atracción sexual, romántica o emocional hacia otras personas independientemente de su sexo o identidad de género».
En fin… que es casi imposible que usted no se pueda identificar en alguna de las siglas LGTBIQ+ excepto que se haya casado usted con su novia del instituto, le haya sido profundamente fiel, y nunca, en ninguna ocasión, haya fantaseado con un trío, o con mantener una historia con alguien de su mismo sexo, ni tampoco haya sentido atracción emocional hacia un amigo o una amiga íntima.
Tras esta sucinta explicación de lo que significan las siglas entenderán ustedes la razón de que en el último orgullo gay al que asistí me encontré con muchos más heterosexuales que lesbianas.
4. Exija obediencia debida. 
Es decir, tiene usted que dar órdenes arbitrarias y probar que sus acólitos le obedecerán ciegamente. Si han leído ustedes mi anterior artículo sobre el pensamiento sectario ya sabrán que una de las características de las sectas es la de ofrecer una visión deformada de la realidad.
Esto es importante porque las sectas tienen que atacar lo que en psicología llamamos el core belief.
Vamos a explicar esto.
Imaginemos que Carlos conoce a Clara  y se enamoran profundamente. Carlos es ateo y Clara es devotamente religiosa y católica. Carlos le dice que eso no importa, que él nunca se va a inmiscuir en su religión. Ella solo le pide que si se casan pueden educar en la religión católica a sus hijos. Se casan, tienen hijos. Una vez él está seguro de que Clara no se puede divorciar, puesto que es católica, Carlos empieza a atacar a su creencia central. Su core belief.  Su creencia central es el catolicismo y la familia. Cada día, cada hora, Carlos va minando las creencias de Clara, como la gotita que acaba por horadar la piedra en la que cae. Cada día hay un nuevo ataque sutil contra la religión católica, y contra la familia de Clara. Aquí pueden suceder dos cosas:  la primera es que Clara le deje y la segunda que Clara acabe renegando de su religión y de su familia. Sí sucede lo segundo, Clara habrá perdido su centro, su sentido del yo, y su apoyo emocional de forma que será mucho más dependiente de Carlos.
A gran escala esto se hace en la secta cuando se le pide a los fieles que den por hecho una verdad que choca con su sentido de la realidad. A los fundamentalistas de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días se les exige que acepten la poligamia y por ejemplo concertados por el profeta. En realidad, la Iglesia de Santos de los últimos Días no acepta la poligamia ni los matrimonios impuestos, por eso los fundamentalistas son una escisión, una secta). 
Para algún tipo de secta fundamentalista católica implicaba usar el cilicio, aunque la iglesia católica nunca haya pedido a sus fieles que lo usen. En conclusión: cada secta te pedirá que aceptes una verdad difícil de aceptar y que renuncies a tus propias creencias centrales. 
Por eso «secta» y «sectarismo» son palabras que empleamos para referirnos a políticas teóricamente revolucionarias pero transidas por utopías exageradas e ideas delirantes. Ideas que atacan al core belief, al conjunto de ideas centrales de sus fieles.
La secta LGTBIQ+ te exige que renuncies a la idea de que el sexo es binario, y al hecho científico de que las células tienen sexo y de que el sexo es inmutable. Ya puestos, te exigirá también que creas que hay lesbianas con pene. Cualquier disidencia respecto a esta creencia te puede acarrear un castigo. Y, por supuesto, la expulsión de la secta.
Así que ya lo tiene.
Ya tiene usted montado un «nosotros» contra ellos. 
En este caso «nosotros» serán el colectivo LGTBIQ+ (en adelante, y para entendernos, el colectivo abecedario) y ellos serán «la ultraderecha». 
Y, ¿qué es la ultraderecha?
Pues, como diría Bécquer… ¡la ultraderecha eres tú! 
Ultraderecha es cualquiera que no nos baile el agua. Ultraderecha implica a comunistas como el Frente Obrero de Valencia, a socialistas como Elena Valenciano, a feministas de toda la vida como Juana gallego, Paula Fraga, Laura redondo, Amelia Valcárcel, o yo misma. A todos nos llaman ultraderecha. Obvia decir que también a PP y a Ciudadanos. Y a Vox, por supuesto. Ultraderecha se aplica a cualquiera que no se acerque a lo que usted piense.
Pero si eso no le vale, también puede utilizar la palabra «terfa». Esa es la dirige usted exclusivamente a las mujeres que no comulgan con su discurso.
Felicidades: ¡ha creado usted una secta! 
Por lo tanto, el famoso colectivo abecedario se comporta como una secta política, como un grupo ensimismado en una alucinación auto-designada, convencides de que la misión en la vida es la salvación de los oprimides. La misma misión, casualmente, que acometió Jesucristo, solo que Jesucristo no usaba lenguaje inclusivo. ¡Que no se diga que no apuntan alto!
El arcano de la secta/colectivo está plagado de afirmaciones uniformes e inmodificables, eximidas de refutación por la argumentación o la realidad. 
Por ejemplo:
– «El sexo se asigna al nacer» (pero el sexo se conoce desde el primer día de la concepción del embrión y por eso en las fecundaciones in vitro se sabe cuántos embriones hembra y cuántos embriones varones se han concebido, horas después de la fecundación)
– «Hay lesbianas con pene» (pero la orientación sexual se define por el sexo y las lesbianas son mujeres atraídas por otras mujeres de su mismo sexo) 
– «Si me siento mujer soy una mujer» (pero la realidad material existe y el hecho de que yo me sienta mucho más joven de lo que soy no me convierte inmediatamente en una chica de 40 años, tampoco el sentirse mujer te convierte de facto en una)
– «Mi identidad no está sujeta a debate» (pero utilizaremos este axioma para negarnos a debatir sobre la ‘ley trans’ y cargarnos de un plumazo el principio de que en España cualquier ley es susceptible de debate o alegaciones).
Enarbolando su una identidad inmaculada, la secta encuentra sus enemigos declarados en los grupos ideológicos más próximos: en este caso su enemigo es cualquiera que no esté dentro de la secta y que pasa a considerarse inmediatamente «terf» o «ultraderecha». No importa si se caen en contradicciones flagrantes cómo llamar homófoba a una lesbiana como Ángeles Álvarez (ex diputada socialista) o tránsfoba a una mujer transexual como Jedet. Se odia mucho más al disidente que al opresor.
Esta dialéctica de la diferenciación está muy bien retratada en la película de Monty Python La vida de Brian (1979), en la que una organización compuesta por cuatro militantes, el Frente del Pueblo de Judea, reprocha a uno de sus ex militantes el haberse separado del grupo para fundar el unipersonal Frente Popular de Judea. Cuando Brian quiere unirse a algún grupo para luchar contra la opresión romana, los activistas del Frente del Pueblo de Judea le advierten «Nosotros somos el Frente del Pueblo de Judea. (…) A los únicos que odiamos más que a los romanos es al puto Frente Popular de Judea». Es por ello que la secta LGTBIQ+ no se suele manifestar en las sedes de Vox, por ejemplo, sino que acuden a reventar las manifestaciones de las feministas que fueron hasta hace poco sus aliadas. 
De la misma manera en la película hay un hombre que se quiere proclamar mujer. 
En 1979 los Monty Python ya sabían perfectamente lo que iba a pasar.
VER VIDEO   

 

 En fin, es por esto que nos hemos encontrado con delirios como que Jedet no haya podido dar el pregón del orgullo en Granada porque de repente se ha considerado que una mujer transexual como Jedet es una tránsfoba. Y es que en las sectas el grupo deviene especulativo, y basa su posición en la ostentación de sapiencia teórica de la que se derivan imposiciones completamente deliradas. Es decir, te comen la cabeza con una teoría incomprensible que acaba derivando en despropósitos como la ‘ley trans’ de Montero. Y no podemos quejarnos porque en los grupos sectarios no hay debate. El discutidor es un traidor. Un disidente, un hereje. Por eso, la ley prevé sanciones para cualquiera que discuta sus términos. 

VISTO AQUÍ


miércoles, 15 de junio de 2022

“SOY MUJER Y LO SERÍA AUNQUE ME INJERTASE UN PENE”

 Kathleen Stock, filosofa feminista, ensayista.


Tengo 49 años. Nací en Aberdeen (Escocia) y vivo en Brighton. Soy ensayista, dimitida como profesora de filosofía en la Universidad de Sussex. Casada con Laura, tenemos una hija (1), más dos hijos varones de mi primer matrimonio(16 y 14) Soy de izquierda no progresista y agnóstica.



¿Dimitió como profesora de Filosofía?

Sí, hace ahora seis meses

¿Por qué?

Por ataques y desprecios.

¿De parte de quién?

De mi tribu, colegas, profesores universitarios, filósofos del mundo a los que consideraba compañeros.

¿Qué ha sido lo más insoportable?

Oír que soy tránsfoba, intolerante, ofensiva, peligrosa para los estudiantes, y que me vaya a mi casa y me calle.

¿Por qué quieren callarte?

Por pánico a mis argumentos, el debate. Pedían que me despidiesen.

Al dimitir les da la victoria.

De adolescente fui acosada y siempre me he sentido rara y sola. Aquella herida ha vuelto ahora a supurar.

Pero ya es usted mayorcita.

Han atacado mi despacho, he sufrido en mis clases y charlas protesta de grupos enmascarados con bengalas y carteles insultantes y amenazas físicas.


Contra eso tenemos policía,,,

Me aconsejaron que me protegiese.

¿Esto pasa en la Universidad?

Sí. Debería ser espacio de debate intelectual pero están imponiéndose banderías emocionales en toda la sociedad.

¿Es por su lesbianismo?

Hay tan pocas referencias lesbianas que salí del armario hace solo diez años; soy lesbiana y feminista, pero me atacan por ser de izquierdas no progresista.

¿Qué es eso?

La izquierda progre amista con el capitalismo y ahora el individualismo liberal, incluida la teoría de la identidad de género.

¿Qué propone dicha teoría?

Que el género es subjetivo y tú decides si eres mujer u hombre. ¡Esto es aberrante!

Que cada uno decida qué le gusta, ¿no?

Claro que sí, pero por tus apetencias no vas a dejar de ser un hombre o una mujer.

Hombre, mujer: eso es cultural ¿no?

Tu sexo lo determinan tus cromosomas. Tu sexo es unna realidad biológica. Todas tus células son de hombre o son de mujer.

Si me hormono y me opero, seré mujer.

Serás hombre con morfología de mujer

Si transiciono, merezco protección.

Claro, mereces ser protegido de discriminación laboral o legal. Ni temo ni odio a las personas trans: ¡las abrazo! Pero los transactivistas repudian mis reflexiones.

Formule aquí alguna de sus reflexiones.

Los espacios públicos solo para mujeres, como unos baños, deben protegerse y no admitir en ellos a un hombre que se haya autoasignado el género femenino.

¿Esto está sucediendo?

Sí, y criticarlo me convierte en tránsfoba, para un activista trans. Y critico que un hombre autoasignado mujer ingrese en una residencia a cárcel de mujeres.

Arguméntelo.

Sostengo que la teoría de identidad de género roba derechos a las mujeres.

¿Seguro?

Si en un equipo de fútbol de mujeres se acepta a un hombre autoasignado mujer ¿se protege o desprotege a las mujeres?

¿Sostiene que se las desprotege?

¿Basta con que un hombre se declare mujer para considerarlo mujer y aceptarlo sin más en un vestuario de mujeres?¿Si?

Están perdiendo las mujeres, sostiene.

Veo machismo, en borrar la distinción hombre – mujer: es decir, que el sexo es solo un maquillaje. Eso atenta contra la humanidad. ¡Pregunte a sus lectoras mujeres!

¿Qué es una mujer?

Una hembra que llega a la edad adulta. Yo soy mujer, y aunque me injertase un pene y me hormonase yo seguiría siendo yo.

Si uno de sus dos hijos varones quisiera transicionar a mujer, ¿qué le diría?

Esto angustia a muchas familias. Reflexionaríamos juntos acerca de la irreversibilidad de ciertos tratamientos hormonales y de cirugías radicales.

¿Seguro que son irreversibles?

Hay personas arrepentidas en un punto en el que es ya casi imposible revertir las consecuencias, y esto es muy triste.

Diga lo que diga, aumenta el número de jóvenes que transicionan.

Claro, han oído que cambiar el sexo es sencillo y sano. Y cuando yo cuestiono esto, ya sé que incurro en un gran tabú.

¿Es solo por lo que los jóvenes oyen? Algo más habrá, profesora…

es verdad que la mayoría son autistas.

Pero ¿Cómo se atreve a decir esto?

Hay bastantes estudios publicados, léalos. O hay casos de fetichismo. O de atracción hacia su sexo. O quieren escapar de su feminidad (no ser mujer – objeto) o masculinidad (no ser macho – tóxico)…

Si fuera así, todo es mental, pues.

No, yo soy única y soy mujer, tú eres único y eres hombre. Esto es así, ningún capricho capitalista doblegará a la biología

VICTOS M. ANELA

Materíal girls La profesora Kathleen Stock mereció el premio del Excelentísimo Imperio Británico por su compromiso con la educación universitaria. Y poco después abandonó la docencia. No soportó ataques de colegas a causa de opiniones suyas sobre identidad de género, que Stock expone en Material girls (Shackleton Books), libro valioso por controvertido; debatir nos vacuna de moralinas neopuritanas y favorece una sociedad abierta en la que ninguna voz sea acallada. Sus tesis levantan ronchas y entiende a sus agresores: “Creo que al desmentir la biología sus postulados, se refugian en la retórica emocional”, aduce. Stock sigue hablando y aspira a sostener debates desapasionados en los que nadie juegue a ofenderse y nadie amenace a nadie, y quizá sea posible.



martes, 31 de mayo de 2022

NADA ESTIMADO SEÑOR IGLESIAS

 «De su libro he deducido que es usted, básicamente, un ególatra, un mentiroso y un hipócrita»


Tras leer su libro Verdades a la cara he de recordarle uno de los axiomas que se estudian en periodismo: «Datos, no opiniones». Su libro, sin embargo, se basa en «opiniones, no datos».  Su libro es una pura retahíla de opiniones, opiniones, opiniones y algún que otro rumor, dime y direte.

Sé que usted lee este periódico, al que ha llamado «medio de ultraderecha». Sé que usted jamás reconocerá que leyó este artículo, sé que su «compañera» (así la llama usted) jamás reconocerá que le llegaron miles de mensajes y varias cartas explicándole mi situación y que ella hizo caso omiso porque a Irene Montero se le llena la boca con la palabra sororidad, pero solo la boca. Dios le libre a Irene Montero de mostrar sororidad por una mujer que no sea de su cuerda. 

En fin, voy a ser fría y voy a ir rebatiendo punto por punto frases de su libro Verdades a la cara.

Y voy a rebatir sus frases con DATOS, no opiniones 

FRASES TEXTUALES DE SU LIBRO: «¿Se imaginan qué ocurriría si yo desde mis redes sociales convocara a mis seguidores a ir a visitar la casa de Carlos Herrera y que él y su compañera tuvieran que vivir lo que vivimos nosotros?». «No dejo de pensar en cómo se sentirían los presentadores o directores de esos programas de televisión si un buen día empezarán a difundir imágenes de su domicilio, día tras día».

Me parece tan hipócrita usted, porque, aunque no utilizó usted sus redes sociales, sí que utilizó usted a compañeros suyos para orquestar un acoso contra mí, y sí que su compañera de usted, Irene Montero, inició un acoso contra mí, entre risas y aplausos. 

Le pongo en antecedentes de la historia.

Hace casi ya tres años, desde el ministerio que dirige su «compañera», como usted la llama, Irene Montero, se filtró el borrador de la ley trans. Con sorpresa yo comprobé que era idéntico en muchas cosas a la Bill c-16 canadiense. Entonces empecé a tocar el tema en redes sociales. Siendo fiel a los principios deontológicos de mi profesión, seguí la máxima «datos, no opiniones». Divulgué noticias publicadas en medios canadienses, entrevisté a farmacéuticos, a psicólogos, a detransiciónadoras, a mujeres trans reasignadas que no estaban de acuerdo con la ley. Todo en un muy modesto perfil de Instagram que no tiene ni 50.000 seguidores. Y repito, siempre con datos, datos y datos. Información. Nunca opiniones. 

No existe ningún tipo de transfobia en enseñar las consecuencias que una ley ha tenido en otros países y el tipo de secuelas que ya está teniendo cierto corpus jurídico en un país como el nuestro. Un país en el que en las cárceles no hay guardias de seguridad con granadas de mano como es el caso de Canadá – por lo tanto, aquí el riesgo de permitir la entrada en prisiones femeninas de violadores es mayor, si cabe. Un país en el que la seguridad social sí se cubre los tratamientos de bloqueo de la pubertad (no es el caso de Canadá).

Jamás, nunca,  jamás en la vida imaginaba que simplemente por pasar datos – y, repito, NUNCA opinión- sucedería lo que sucedió.

El 18 de diciembre de 2020 la asociación COGAM me concedió el Premio ladrillo a la transfoba del año entre gritos de «terf» y «plagiadora». Allí estaba su compañera de usted, aplaudiendo y riéndose. Y hay un vídeo que lo prueba. Un vídeo que prueba cómo Irene Montero aplaudía entre risas lo que supuso el pistoletazo de salida para una campaña de desprestigio y acoso.Un acoso que considero que fue bastante peor que él dice que sufrió, y al que le dedica un libro entero.

A partir de entonces, desde un anillo de cuentas de twitter (una comunidad de cuentas agrupadas por contenidos), que actuaban organizadas, se empezaron a difundir tres bulos sobre mí: 

  1. Yo había plagiado mi libro Mujeres extraordinarias. (Libro publicado en diciembre del 2019, que sigue en venta, y que no ha recibido ninguna denuncia por plagio a día de hoy, mayo del 2022). 
  2. Yo había acosado a una mujer trans y había difundido fotos íntimas de esta persona. 
  3. Yo había iniciado una «campaña de persecución contra las personas trans».

Rápidamente dos amigos íntimos de usted, a los que usted reconoce como tales en el libro, se sumaron a la campaña mediática.  Su amiga Dina Bousselham publicó que «yo había sido condenada por plagio» y que «había iniciado una campaña de persecución a las personas trans». Su amigo Pedro Vallín trabajaba en La Vanguardia y publicó un artículo a toda página dedicado en exclusiva al «mi plagio» y concluyendo que ¡se me había condenado por plagio!

Desde el famoso anillo de cuentas se hizo correr mi dirección. Una de las cuentas, la cuenta principal, aquella alrededor de la cual giraba todo el anillo, durante más de un año estuvo colgando cada día más de 10 tweets contra mi persona. En ellos se me llamaba plagiadora, acosadora y tránsfoba. Un mínimo, repito, de 10 tuits diarios, cada día, que desde esa cuenta se iban redistribuyendo a todo internet.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO:  «La campaña contra Podemos se ha hecho a base de bulos e  informes falsos desde la derecha mediática».

Pues bien, continúo con lo que le estaba contando: de repente empezaron a llegar a todas las redacciones de esos medios a los que usted llama «derecha mediática» unos mails con unas capturas de pantalla. En los mails se aseguraba que yo había plagiado un libro y que «una tuitera» me había denunciado por ello. La tal tuitera, por cierto, había abierto un crowfunding (una recaudación pública de fondos) para iniciar esa demanda penal. Se debió quedar con el dinero, porque efectivamente recaudó casi 3.000 euros, pero jamás me interpuso esa demanda.

Quién enviaba esos mails sabía muy bien que yo no era bien vista en los medios de la derecha (al fin y al cabo, he sido socialista durante muchos años). Por eso, se los enviaban a ellos. Contaban con que no me tenían simpatía y reproducirían el bulo. 

¿Y quién estaba detrás de esos mails? ¿Quién era «la tuitera» que recaudó casi 3.000 euros que debió invertir, imagino y supongo, en la reforma de su casa? 

Pues era alguien muy cercano a usted, increíblemente cercano a usted.

Así que parece que la derecha mediática le molesta a usted o a su círculo… Le molesta, excepto cuando la puede utilizar para joderle la vida a una persona. 

Porque esa derecha mediática se hizo eco del bulo lanzado por ustedes. Y se publicó que se me había denunciado por plagio. Los escritores vivimos del prestigio, y así se me daba en la línea de flotación.

Pero ahí no acaba la cosa.  En mi perfil de Instagram encontraron una foto de mi hija. Y la difundieron con el lema «la hija de la transfobia» y lindezas similares. Como le digo, hicieron correr mi dirección. También pusieron un programa de rastreo en el móvil. Usted  pregunta en el libro cómo se sentiría un periodista  si se hiciera pública su dirección. 

Pues ¿quiere saber cómo se siente? 

No se preocupe, que ya se lo cuento yo. 

Yo tenía auténtico pánico. Vivía aterrorizada. Tendría usted que ver el informe de mi psiquiatra. Náuseas, mareos, vómitos, se me llegó a paralizar un brazo… Estrés, dice el informe médico.  La diferencia con usted es que yo ni siquiera tengo coche y desde luego no me puedo pagar unos escoltas.

Dice usted que las campañas contra Podemos se han hecho a base de bulos y de fake news. Pues la cuenta central del anillo difundió el bulo de que yo había robado unas fotos desnudas de una persona trans y las había distribuido. Se manipuló un vídeo extraído también de mi cuenta de Instagram, para hacer correr el bulo.

Empecé a recibir amenazas. En la cuenta de Instagram, y en el buzón. Luego llegaron las llamadas al telefonillo. Durante noches y noches. Sonaba el telefonillo, yo levantaba el auricular, y siempre lo mismo: terfa, plagiadora, vamos a por ti…

Dice usted en su libro que le habían puesto una cámara en la puerta de casa para ver quién se acercaba… ¡Pues ojalá hubiera podido yo tener esa cámara! ¿Sabe usted que llegaron a marcar, en el panel de interfono, mi piso, bien clarito, en tinta roja, con  la palabra TERFA, para darle ideas a los acosadores?

Y ahí no acaba la cosa, por supuesto. Me intentaron agredir dos veces por la calle. Dos. Al contrario que usted, ya lo he dicho, no tengo escolta. Al contrario que usted, yo no vivo en una zona protegida ni tengo guardias civiles en la puerta de casa. Cuenta usted en su libro que fueron los escoltas los que se dieron cuenta de que había un señor intentando fotografiar a sus hijos. Que detuvieron e identificaron a esa persona. Yo no tengo escolta, señor Iglesias, yo vivo en un barrio normal y corriente. 

La primera vez que un tipo intentó agredirme fue en Tirso de Molina, a plena luz del día, al grito de «terfa», ése grito que supone un señalamiento y que había aplaudido su compañera de usted entre risas, como se ve en el vídeo del acto de COGAM.  La segunda vez que intentaron agredirme fue en el callejón del Doré, cuando intentaba sacar entradas para una sesión de la Filmoteca Nacional. Me venían siguiendo y yo no me había dado ni cuenta. Me pillaron en ese callejón estrecho, que es como una ratonera.  Mi amigo Carlos, que es un tipo alto, se puso en medio – jugándose la integridad-  y gracias a Dios en ese momento llegó otro grupo a comprar las entradas. Y los agresores huyeron como las ratas que eran.

¿Se queja usted de acoso? ¿Dedica todo un libro a ese acoso? ¿Tiene el valor de hacerlo cuando su compañera ha participado en un acoso hacia una mujer que no tiene los medios que ustedes tienen para defenderse ni a sí misma ni a su hija? 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «No pienso someter otra vez a mis hijos a las consecuencias de que su padre tenga responsabilidades políticas».

Se queja de lo que usted llama «acoso a sus hijos». 

Déjeme hablarle de mi hija. Mi hija asiste a un instituto público. Allí, nadie sabía quién era su madre porque se había inscrito con el apellido de su padre. Pero ustedes hicieron correr su foto y, pese a que en la foto llevaba mascarilla, fue fácil reconocerla. Mi hija tuvo que sufrir todo tipo de insultos y cada día tenía que venir a casa acompañada por dos chicos, e ir cambiando de itinerario. También la insultaban por la calle y en el barrio.  Hasta que finalmente entró en tal depresión que perdió diez kilos.

Tengo el informe del psiquiatra – sí, señor Iglesias, de la Sanidad Publica-  que certifica que mi hija sufría una depresión reactiva derivada de un acoso. Y no, no teníamos escolta ni guardaespaldas, como tiene usted. En fin, mi hija perdió ese curso. Suspendió absolutamente todas las asignaturas.  Y, tal y como certifica el psiquiatra que la trató, todo se debió a que vivía en una situación de estrés y miedo. Sus hijos de usted, entretanto, iban en carrito. 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «No puedo sacar a los perros».

Pues mire usted, durante dos años he tenido que sacar a mis perras a las seis de la mañana y cada día recorriendo un itinerario diferente, porque recibía mensajes en los que me decían que sabía por dónde paseaba mis perros y que anduviera con cuidado. De hecho, la primera vez que intentaron agredirme yo estaba, precisamente, paseando a las perras.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Contra nosotros se inició una cacería». 

Pues deje que continúe con la historia.

Bien, finalmente me presenté en comisaría. Y se identificó a la cuenta principal que movía todo aquello. No era una sola cuenta, por supuesto, en realidad había un programa informático que manejaba muchas cuentas bots, cuentas falsas. Pero se identificó al usuario de la cuenta principal del anillo.

Toda esa campaña estaba movida por cinco personas. Una de ellas, oh casualidad, amiga íntima de su compañera de usted, Irene Montero. O al menos, la cuenta teclea desde el domicilio de esta persona. 

El asunto ya está judicializado. Está persona está demandada y el juez ha aceptado a trámite la demanda.  y por eso no puedo decir su nombre, no porque no quiera hacerlo, sino porque soy precavida. 

Por supuesto, su compañera de usted Irene Montero estaba al tanto de todo. Y lo sé porque yo misma me encargué de ponerle al tanto. No pude contactarle directamente. Pero me puse en contacto con muchísimas personas cercanas a Podemos, le escribí notas, le envié mensajes, le rogué que interviniera para que cesara el acoso. Ni caso. Su compañera Irene Montero seguía enviando cariñosísimos mensajes públicos vía Twitter hacia la persona desde cuya casa se organizaba un acoso.

¿Cómo puede usted tener el valor de quejarse de su acoso mientras que, a la vez, desde su partido, desde sus amistades, desde sus medios afines, se promociona el acoso a otras mujeres?

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Las campañas contra Podemos se han hecho a base de bulos y de fake news«.

Gracias a la campaña de bulos que los amigos de su mujer difundieron, y gracias también a las noticias falsas que publicaron su amiga Dina y su amigo Pedro Vallín, me quedé sin trabajo. 

Verá usted, yo he publicado dos libros desde entonces. Pero no han tenido repercusión.

Y es que cuando mi jefa de prensa llamaba a medios se encontraba siempre con un «no». En algún caso le dijeron de forma directa que «no iban a entrevistar a una plagiadora». Los medios que usted controlaba, obviamente, no me iban a dar trabajo. Y la «derecha mediática», como usted la llama, ya había recibido ese mail que había ustedes enviado a todos los medios. Enviado, por cierto, desde casa de la amiga íntima de su compañera.

¿Tiene usted ahora la desfachatez de quejarse de campañas de bulos?

Recuerdo que justo antes de la campaña de bulos que ustedes organizaron, me habían ofrecido trabajar de colaboradora en un medio. Pero las tornas cambiaron. De pronto, la subdirectora del medio dijo que «de ninguna manera trabajaría con esa plagiadora». («La plagiadora» era yo, y la frase es textual).  Nunca me han condenado por plagio pero ¿Importa la verdad cuando han hecho correr un bulo sobre ti?

Recuerdo que, desde Radio Nacional, la radio que yo pago con mis impuestos, una chica le dijo a mi jefa de prensa que no trabajara conmigo, que «le iba a crear mala reputación trabajar con una plagiadora». Se lo dijo la coordinadora del mismo programa donde ¡oh, sorpresa!, ¡oh, casualidad!, trabajaba entonces la persona desde en cuyo domicilio situó la policía la cuenta que había estado moviendo todas las falsas acusaciones contra mí. Sí, hablo de la amiga de su compañera.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «No puedo aceptar que se nos cuestione que hemos sido amenazados de muerte».

En plena campaña de acoso contra mí, hice un vídeo en mi perfil de Instagram.

Me dirigí de forma clara y expresa a la amiga de su compañera, a la amiga de Irene Montero. No dije su nombre, pero ella se dio por aludida. Le pedí que cesara en la campaña. Le dije que mi madre estaba enferma, que se estaba muriendo, (falleció poco después), que a mí me habían diagnosticado un cuadro de estrés agudo… y creo recordar que añadí que a mi hija le habían derivado al hospital Niño Jesús por otro cuadro de estrés. 

¿Sabe que dijo la amiga de Irene en su perfil? Sí, ésa a la que Irene llama en público «reina».

Que me hacía la víctima.

Eso dijo. 

¿De verdad usted no acepta que se cuestione que le amenazaron, pero desde su círculo puede cuestionarse lo que vivía yo? 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Sabían que yo era el candidato de la verdad».

¿Tiene usted la desfachatez de hablar de «periodismo honesto» cuando el panfleto La Última Hora, la hoja parroquial de Podemos, dirigido por su amiga íntima dijo que yo había iniciado una persecución contra las personas trans y que me habían condenado por plagio? ¿De verdad?

¿Tiene usted las narices de hablar de «verdad» cuando desde su círculo se inventan condenas con la mayor tranquilidad? Manda huevos, señor Iglesias.

 Como decía Tagore: La verdad no está de parte de quién grite más, sino de quien la tiene. Y ése no es usted.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Es muy fácil crear un rumor sobre alguien».

Que me lo digan a mí. Que no me voy a quitar nunca de encima el sambenito de plagiadora y tránsfoba que me han colgado ustedes. La diferencia es que a usted los rumores no le han hundido la vida. Recibe sueldo del estado, más lo que le pagan en la universidad, más lo que cobra por el podcast, más su paguita en la SER.

Usted mismo reconoce varias veces en el libro que vive muy bien y que cobra ahora más de lo que cobraba cuando era vicepresidente. (¡Y cobraba 80.000 euros al año!). Usted ha salido de esta historia muy bien colocado. Pero a mí los rumores que han sembrado ustedes casi me hunden.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Contra nosotros usaron todos los elementos del lawfare: bulo, mentira, manipulación. informes falsos «.

Lawfare:  palabro inglés creado para referirse al ataque contra oponentes utilizando indebidamente los procedimientos legales, para dar apariencia de legalidad. Justo lo que ustedes me hicieron a mí.

Porque recibí, creo recordar, cuatro denuncias penales en menos de un año. Y ¿quién era el bufete de abogados que las interponía? Pues no voy a decir el nombre porque les haría publicidad, pero baste decir que ustedes invitaron a los dos socios de ese bufete como ponentes a su fiesta de primavera en Valencia. 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Se limitan a repetir repetir, repetir, repetir en bucle los marcos en los mensajes». 

Eso dice usted sobre «la derecha mediática». Pues mire, exactamente lo que me hicieron a mí.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «A mí me llaman chepudo y rata». 

A mí me llaman ustedes plagiadora, acosadora y terfa

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Con nosotros no hubo solidaridad»

Contra mí ustedes organizaron un acoso.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Vengo de dónde vengo y en mi cultura a los fascistas se les hace frente con todo».

Eso dice usted. El problema es que cuando ustedes señalan a una persona como «fascista», (y fascista es cualquiera que no les baile a ustedes el agua) ya se consideran legitimados para «hacerles frente con todo». Con bulos, con agresiones físicas, con pedradas, con mentiras, con campañas de desprestigio, o con lo que sea menester.

Si yo hubiera sido la única acosada pensaría que pudo deberse a una cuestión personal – y, en gran parte, pienso que se debió a una cuestión personal-  pero no fui la única. La ilustradora Laura Strego fue golpeada en la calle después de que el mismo grupo que me señalaba a mí le señalará también a ella.

Repito: No puede usted quejarse de acoso cuando ustedes han incitado al acoso y derribo de cualquier voz crítica a sus leyes. Y criticar una ley es un derecho democrático, no es transfobia. Personas como ustedes, que impiden el ejercicio democrático de la libertad de expresión solo tienen un nombre: fascistas. Los fascistas son ustedes.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Vengo de dónde vengo» (lo repite usted varias veces).

Pero vamos a contextualizar ese «vengo de dónde vengo».

Y ¿de dónde viene usted? Pues usted es un niñato pijo. Yo nunca he negado que provengo de familia de clase media, pero dejé mi casa a los 18 años y trabajo desde entonces y con el dinero que gané trabajando me pagué no una carrera, sino dos. Mis padres no tuvieron que mantenerme.

Usted se hizo la carrera en la comodidad de su hogar, a cama hecha y mesa puesta, mientras a usted le mantenían en casa. Luego entró a trabajar en la Universidad gracias a los contactos de papá, amigo de José Bono y de Gregorio Peces Barba. No tuvo usted que compartir piso ni buscarse la vida.  No tuvo ni que pagar alquiler.

Le dejaron sus papás la casa de la abuela, 80 metros cuadrados, sitos ni más ni menos que en la «pijolandia» de Vallecas, como la llaman allí, en su ex barrio. La «pijolandia» es esa urba con parking y zonas ajardinadas, un entorno residencial atravesado de calles de poetas y escritores. Que sí, que vivía usted en Vallecas, pero en lo mejorcito de Vallecas y en una casa grande y cuidada.

Entretanto, en la Universidad, se hizo usted su grupito de niños pijos. Las hermanas Serra, hijas de Fernando Serra, que no es precisamente pobre, niñas pijas que lo tenían todo e incluso más. Por tenerlo todo, tenían hasta el signo distintivo de las cayetanas madrileñas: clases de equitación en las escuelas más caras de Madrid. Ramón Espinar, hijo del que fuera alcalde de Leganés entre 1979 y 1983, presidente de la Asamblea de Madrid y más tarde consejero del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Carolina Bescansa, de la dinastía Bescansa- sí, la de los laboratorios-, que vivía en aquel palacete de Galapagar donde ustedes montaban las fiestas antes de contar con chaletaco propio. Errejón, residente nada más y nada menos que en Arauca, el barrio madrileño con mayor renta per cápita de Madrid, e hijo de un TSAE, grupo A de la Administración, de los cuerpos mejor pagados de la función pública. ¡70.000 euros al año ni más ni menos gana el papá de Errejón! 

Ninguno de ellos había trabajado nunca ni había compartido piso. Ninguno de ellos sabe lo que es presentarse a un examen sin haber dormido porque te has pasado la noche poniendo copas para poder pagar el alquiler. Ninguno de ellos sabe lo que es pasarse diez días comiendo pasta porque a día 20 ya no te queda dinero para otra cosa.  Todos ellos vivieron con papá y mamá hasta que dejaron de vivir de sus padres para pasar a vivir de la política. 

¿Por qué a una panda de niñatos pijos les da por erigirse en defensores de una clase obrera a la que no han visto ni en foto y con la que no han interactuado jamás? No sé, cosas del Edipo y la definición por oposición, supongo.  

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Fueron a por mí por ser el hijo y nieto de quien soy».

Y no me venga echando sermones de que su papá era antifranquista y de que usted lo lleva en la sangre.  Durante la dictadura mi hermana estuvo en la LCR, mi padre en Izquierda Democrática y mi hermano en la Liga Trotskista.  Y eso no me hace ni mejor ni peor. La honestidad o la dignidad no se hereda, se la trabaja uno.

Usted vivía, como digo en un endogrupo, en un mini grupo, en una burbujita de hijos de papá jugando a anticapitalistas. Y cuanto más pequeño es el endogrupo menos posibilidades hay de entender lo que pasa fuera. No tiene ni idea de lo que es clase obrera a la que usted pretende defender porque usted nunca ha tenido que currar. No entiende lo que es el problema de la vivienda en España porque vivía muy feliz en la casita heredada de su abuela. No sabe lo que es aguantar a un jefe tiránico porque a usted le colocaron en la universidad los contactos de su padre. Justo como lo cuenta en su libro: usted era muy feliz bebiendo cervezas y saliendo en moto por Madrid. 

Tengo amigas que no han podido pagarse una carrera y han empezado a trabajar a los 18 años en una tienda de ropa para ayudar a sus padres. Tengo amigas que se han pagado la carrera trabajando en Burger King. Yo, como le digo, no vengo de familia pobre, pero puedo alardear de que trabajé desde los 18 años y me pagué desde entonces mi carrera. No nos venga echando sermones, señor Iglesias, ni alardeando de pasado antifascista ni de pureza de sangre.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «La condición básica para poder entrar en La Sexta es que a Ferreras no se le puede criticar».

No, señor Iglesias, no: la condición básica para entrar en La Sexta es no criticar la ley trans. Una persona que haya sido crítica con la ley trans se encuentra con que jamás se le va a permitir hablar en un medio como la Sexta, RNE, Público, El diario, y demás medios afines al gobierno de coalición. No se confunda usted.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Lo cómodo es escribir artículos y encima te pagan por hacerlo y lo duro es estar ahí dando la cara«. 

Como siempre, usted no tiene ni idea de lo que es el mundo real. Muchísimos periodistas de este país no cobran nada, pero nada, por artículo.  A los afortunados que sí cobran, los artículos se los están pagando a 80 o 100 €.

En el improbable caso de que alguien consiga que le paguen 10 artículos al mes y cobre 1000 € al mes le toca pagar 294 de autónomos. Repito: un periodista puede estar cobrando setecientos al mes, si llega a cobrarlos.  La gran mayoría de las periodistas que tienen la edad de usted no pueden sobrevivir, y compaginan ese trabajo con otros. Dan clases, ponen copas y alguna incluso cuida niños.

Sí, a su amigo Maestre le pagan mucho más, por supuesto, pero porque es amigo suyo, de usted.  Y a usted le pagan una salvajada en la SER porque…. No sé, me gustaría que usted me lo explicara. ¿Por qué le pagan a usted mucho, muchísimo más; ¿que a cualquier otro colaborador? Usted mismo reconoce en el libro que gracias a colaboraciones cobra más ahora que cuando era vicepresidente… ¿Me explica, por favor, cómo puede usted cobrar ahora más que cuando era vicepresidente si como presidente cobraba casi 80.000 euros al año?

En cuanto a que «usted ha dado la» cara, ¿qué cara ha dado usted, amén de la cara de cemento armado? La cara la hemos dado mujeres a las que nos han intentado agredir por la calle. No pijazos como usted encastillados en su mansión de Galapagar, con escoltas en casa y guardias civiles en la puerta. 

FRASES TEXTUALES DE SU LIBRO: «Que mis hijos se puedan bañar en la piscina conmigo es un privilegio que me puedo permitir y al que no quiero renunciar. Así de claro». «Mis hijos serán hijos de unos padres con buenos salarios y herencias.» 

¿No eran ustedes los que nos vendieron la moto de que iban a donar la mitad de sus salarios?  

¿No eran ustedes los que nos vendieron que Clemente Montero, mozo de mudanzas, padre de Irene era » la encarnación de la clase trabajadora», como le definían en un artículo?  ¿Me explica usted cómo un mozo de mudanzas le deja a su hija una finca urbana, una finca rústica y un almacén, y además 245.000 euros? ¿Cómo puede ser que Irene Montero haya heredado casi medio millón de euros? 

Nos engañaron como a una turista paraguaya.

Pero no se vayan, que aún hay más…

No explica usted en su libro cómo le dejan a usted a un precio irrisorio un chalet con piscina y parcela de 2.500 metros en Galapagar. ¿Cómo consiguen encontrar esa casa por 600.000 euros cuando su precio, en principio, ronda el millón?

No explican ustedes cómo consiguen una hipoteca en unas condiciones que no habría conseguido ninguna otra pareja de treintañeros del país. No explican ustedes cómo la consiguen precisamente en la Caja de Ingenieros, afín al independentismo catalán. 

Y muchos nos preguntamos ¿cómo consiguieron ustedes una mansión a un precio irrisorio gracias a una hipoteca otorgada en unas condiciones imposibles para cualquier otro ciudadano español? ¿Qué favores les han pagado a ustedes, y quiénes se los han pagado? 

Y, sobre todo, no explican ustedes por qué precisamente eligen ir a vivir a uno de los municipios más ricos de España. A Galapagar, fíjese, el municipio en el puesto número 87 en el ranking de renta bruta declarada de toda España. El número 87 entre más de 8.000 municipios.  

Porque si lo que querían era vivir en el campo tranquilos y retirados del mundanal ruido, como dice usted en el libro, ustedes podrían haber encontrado una casa mucho más grande en Navas del Rey, en Pelayas de la Presa o en San Martín por exactamente la mitad de dinero. No le digo ya en Colmenar de Oreja o Fuentidueña, donde la misma casa con una parcela más grande no llega a 200.00 euros.  Mi impresión es que, acostumbrados a codearse con la burguesía de postín y el pijerio ecofriendly, no querían rodearse de inmigrantes latinos, faltaba más. 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Nosotros hemos venido a defender los derechos de las mujeres y a acabar con la ley mordaza»  

¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres es negar su misma existencia?  ¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres es que una ministra de Igualdad día que no tiene claro lo que es una mujer?  ¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres es negar la existencia de espacios seguros para mujeres? ¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres es destinar los 525 millones de presupuesto del Ministerio de Igualdad a la lucha transactivista de forma que en Madrid no hay plazas en las casas de acogida para mujeres maltratadas y Cáritas dice que no da abasto? 

¿Cree usted que los derechos de las mujeres se defienden llamando «basura tránsfoba» a 10.000 mujeres que fueron a reclamar al ministerio de igualdad que Irene les escuchara, porque ni siquiera se dignó a recibir – simplemente a recibir a la Confluencia Feminista?  ¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres encontrarse el ocho de marzo con una contramanifestación de casi 30.000 personas y aun así negarse a recibir a las mujeres y escuchar su punto de vista? 

¿Cree usted que defender los derechos de las mujeres es agredir a unas chicas con una navaja porque portaban una pancarta en la que se leía abolición de la prostitución? Porque eso es lo que hizo el equipo de seguridad de Podemos en la manifestación del 8 de marzo. 

Y no se confunda, como dice Chanel: ustedes nunca han representado a la izquierda. Defender la coronación y hormonación de niñas no es izquierda, hacerles el juego a los lobbys farmacéuticos no es izquierda, negar el materialismo marxista no es izquierda, negar la libertad de expresión no es izquierda. Es haberse vendido a unos intereses millonarios, eso es todo 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Lo que marca la diferencia de Irene Montero es su manera insobornable de entender la lealtad»

Lealtad a sus amigos y colegas será, pero no otra cosa. Irene Montero ha traicionado al feminismo que le votó. Bien sabedora de que una ley trans a la canadiense no iba a ser aceptada nunca por la Confluencia Feminista que la apoyó, en campaña nunca mencionó siquiera la intención de sacar adelante dicha ley.  ¿No se pregunta usted por qué es la ministra peor valorada? 

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «No hay derecho a que una persona crea que unas fotos suyas en tetas pueden quedarse en manos de gente sin escrúpulos». 

Aparte de lo poco elegante de referirse a las fotos de una subordinada de usted como «fotos en tetas», precisamente por eso le tenía que haber devuelto usted esas «fotos en tetas» a su propietaria.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Decidí no devolverle a Dina la tarjeta,  actué de forma paternalista sin duda».

No, no actuó usted de forma paternalista.

Cometió usted dos delitos.

Uno: Delito de receptación de bienes robados. Pues deja usted claro en el libro que cuando Asensio le pasa a usted la tarjeta de Dina, usted sabe que la tarjeta es robada,

Dos. Delito de revelación de secretos. Pues deja usted claro en el libro que cuando Asensio le pasa a usted la tarjeta de Dina, le explica que dentro hay fotos íntimas. Y, aun así, usted abre la tarjeta y verifica su contenido. Por eso usted sabe que son «fotos en tetas»,

No ha sido usted juzgado por ello porque Dina ha decidido no denunciarle. Pero usted admite que lo hizo.

Piense, señor Iglesias: Si llega a mí, por casualidad la tarjeta de memoria de, digamos, Sonia Sierra, colaboradora de este medio, y descubro que hay fotos «en tetas» de Sonia, y me quedo con ellas, y no aviso inmediatamente a Sonia… ¿Qué cree que iba a pensar la gente? Pues o bien que yo pretendo chantajear a Sonia o bien que me gusta Sonia y quiero quedarme con sus fotos para oscuros juegos privados.

Ahora imagine que es lo primero que he pensado cuando usted admite en el libro que se quedó con la tarjeta de memoria y no se la devolvió a su legítima propietaria.

FRASE TEXTUAL DE SU LIBRO: «Muchas comprendieron que si nos hacían lo que nos hacían es porque eran más capaces de llegar más lejos que nadie.»  

No, perdone. A mí no me acosaron ustedes porque creían que iba a llegar más lejos que nadie. Yo era y soy una mindundi a la que no sigue casi nadie. Me acosaron porque no toleran la disidencia, porque están imbuidos de un pensamiento endogrupal y sectario en el cual cualquier persona que no piense exactamente como ustedes no tiene derecho a existir. 

¿A ustedes se les presentan radicales fanáticos montándole el numerito a la puerta de casa? Sí, porque ellos piensan exactamente como piensan ustedes y en realidad sus comportamientos, los de ellos y los de ustedes, se reflejan como espejos. Ellos defienden a su grupo y ustedes defienden al suyo. Ellos creen que es legítimo acosar a quien no piense como ellos y ustedes piensan exactamente lo mismo. Pero no es que ellos les teman a ustedes ni piensen que ustedes van a llegar más lejos que nadie. Simplemente se comportan como simios que se pelean con los simios del grupo rival. Pandillas de monos rivales peleando por una banana. 

Si le hubieran aprovechado algo las clases de psicología social en la carrera lo habría entendido usted hace tiempo. 

Pero de su libro he deducido que usted es mucho menos culto de lo que quiere aparentar.

Y desde luego, de su libro he deducido que es usted, básicamente, un ególatra, un mentiroso y un hipócrita. 

VISTO EN THE OBJECTIVE