lunes, 14 de marzo de 2016

EL SOMA LABORAL COMTEMPORANEO

Se hablaba de una droga que usaban los epsilones (operarios) en la muy recomendable novela de Aldous Huxley "un mundo feliz" llamada "SOMA", con ella se moldeaba a la clase trabajadora, se les daba más soma y tenían más momentos de ocio, o se les daba menos para ver que pasaba, en suma, se hacían pruebas con soma para  ponderar entre el trabajo y la "felicidad" de los trabajadores, todo en aras, eso sí, de que hubiera más producción y menos protestas.Voy a volver a leer el libro por décima o undécima vez, siempre sale algo nuevo de cada lectura y parece mentira cuando se escribió y la rabiosa actualidad que tiene cuanto más tiempo pasa.

Parece que las cosas predichas en el libro ya están aquí, según un reportaje visto en la revista del Mundo PAPEL.

El dopaje mental llega a la oficina

Los fármacos contra enfermedades como la hiperactividad también sirven para trampear el rendimiento laboral.
Es la nueva era del dopaje laboral: tanto te metes, tanto rindes. "Me siento como el Lobo de Wall Street", dice uno de sus consumidores.
Jose María Robles
06/03/2016 02:20
A los 15 minutos de tomar la pastilla, Santiago ya se siente un superhombre. «A ver si me entiendes. ¿Has visto la película El lobo de Wall Street? Pues el subidón es parecido al de Leonardo DiCaprio con la cocaína», dice. Lo mismo que aquel corredor de Bolsa chanchullero y propenso al desmadre, Santiago (nombre ficticio) se coloca para trabajar desde hace años. En su caso, con un medicamento tan legal como una aspirina.
Así recuerda sus inicios como ayudante de cocina meses atrás: «La primera semana mi turno empezaba a las seis de la mañana, hora a la que no estaba acostumbrado a levantarme. Entonces desayunaba café, cereales y Rubifen [nombre comercial del metilfenidato, un derivado anfetamínico]. Consumía 10 miligramos nada más despertarme».
Durante ese tiempo, no fantaseó con estrellas gastronómicas ni diseñó menús en prime time. Su labor diaria consistió en colocar pedidos, vigilar fuegos y fregar ollas. Tareas casi mecánicas, que incluso a un aprendiz le generarían un estrés relativo. Pero eso es lo de menos. Santiago, que roza la treintena y también es licenciado en Comunicación Audiovisual, echa mano de su botiquín en busca de algo más que un antídoto contra la rutina.
«Muchas veces también tomaba Concerta [otra formulación del metilfenidato] mientras participaba en rodajes o editaba vídeos.
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