domingo, 25 de enero de 2015

EL P.I.B.

Pues parece que una vez acometida en este artículo  la radiografía del PIB (Producto Interior Bruto) podemos ver que nos lo presentan  como los mandamientos que trajo Moisés de la cima del monte   pero  al final y gracias al PROFESOR VICEN NAVARRO nos damos cuenta que es otra de esas coordenadas que se explican muy bien para analfabetos macroeconómicos como yo, con lo que  llamo la teoría del pollo, hay dos en una habitación y cada día les damos un pollo para comer, es fácil, el PIB es un pollo y parece que estuviesen  comiendo medio pollo cada uno todos los días, al cabo de un mes uno de los dos se muere de hambre ¿cómo puede ser? pues eso,  uno de los dos es más fuerte y, como nadie pone orden, se come el pollo entero y el otro nada, la teoría es muy bonita, el PIB es correcto, las cuentas y estadísticas salen muy bien, pero el débil se muere de hambre.

22ene 2015
Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Uno de los indicadores económicos que se utilizan con mayor frecuencia para medir el grado de eficiencia económica de un país es la tasa de crecimiento del Producto Interior Bruto, o sea, el PIB. Ahora bien, que este indicador sea bueno o malo para valorar tal eficiencia económica depende del objetivo que se intente alcanzar y de lo que se intente evaluar con dichos indicadores. El crecimiento del PIB puede significar, por ejemplo, un aumento de las actividades económicas necesarias, como puede ser, por ejemplo, expandir los servicios públicos del Estado del Bienestar (tales como los servicios sanitarios o los educativos), o puede también significar, por el contrario, el crecimiento de actividades económicas innecesarias y negativas, como lo son las actividades financieras especulativas o el desarrollo de industrias contaminantes. El PIB es, pues, un indicador contable que no discrimina en cuanto a la naturaleza de su contenido. Y es ahí donde radica una de sus grandes limitaciones y también el error del debate en algunos sectores intelectuales, que se centra en si se debe o no crecer económicamente.

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